30 de abril del 2.025

Trepar implica subir a un lugar alto y poco accesible valiéndonos y ayudándonos de los pies y las manos. Asociado al término “escalar”, engloba los conceptos de ubicación espacial tales como arriba, abajo, encima y debajo.

Escalar y trepar a lugares más altos favorece la solución de problemas y ayuda a los niños y las niñas a desplazarse por el entorno de forma segura.

La escalada comienza con los primeros signos que da un bebé cuando siente la necesidad de trepar. Trepan para descubrir, para curiosear, para conseguir llegar a determinados lugares… Así, casi sin darse cuenta, van obteniendo un mayor control de sus movimientos.

María Montessori afirmaba que, dentro del período sensible del movimiento, desde los 0 hasta los 6 años, los niños y las niñas están dotados de una sensibilidad especial que les impulsa a descubrir cosas concretas y es por ello que desarrollan la habilidad de trepar y escalar hasta lograrlas.

Esta necesidad de trepar se mantiene en el tiempo ya que, según vamos creciendo, cuando escalamos (incluso de adultos), ponemos a prueba nuestro equilibrio y la habilidad de propiocepción (capacidad de saber la posición de las diferentes partes de nuestro cuerpo en relación con el espacio donde nos situamos)

¿Cómo evoluciona la destreza de escalar?

La habilidad de escalar evoluciona a la par que otros logros evolutivos: Cuando el bebé aprende a gatear, comienza a la vez a trepar por las escaleras a gatas. Cuando aprende a levantarse y desarrolla la bipedestación también comienza a trepar por muebles o estructuras bajas. Cuando ya es capaz de caminar y correr bien comienza a trepar por estructuras más complejas y en niveles más altos. Poco a poco va perfeccionando determinados movimientos y aumentando su agilidad.

Alrededor de los 2 años, un niño o niña que ha experimentado y practicado de forma libre y espontánea la escalada, ésta se convierte en una parte establecida dentro de su forma de desplazamiento.

¿Qué beneficios aporta a nuestros pequeños, escalar y trepar?

  1. Desarrolla habilidades psicomotrices
  2. Ofrece un mayor control y coordinación de su cuerpo
  3. Fomenta la consciencia de su cuerpo y cómo moverlo en relación al espacio (propiocepción)
  4. Desarrolla la musculatura de brazos y piernas
  5. Potencia la resistencia
  6. Mejora la confianza en una y uno mismo
  7. Favorece el trabajo en equipo
  8. Ayuda a controlar la energía y a canalizarla

La escalada y el desarrollo integral

Motricidad sensorial: La motricidad sensorial tiene que ver con el proceso por el que un niño o niña adquiere el uso y la coordinación de los músculos grandes de las piernas, el torso y los brazos, así como de los músculos más pequeños de las manos y pies. Trepar y escalar a lugares elevados requiere que el niño y la niña utilicen hábilmente todo su cuerpo, favoreciendo este tipo de motricidad sensorial. Esto, además, proporciona información vestibular y propioceptiva que ayuda a mejorar el equilibrio y la coordinación. Cuando escalan también se estiran, lo que aumenta su flexibilidad y fortalece los músculos grandes.

Motricidad fina: Escalar ayuda a perfeccionar los movimientos específicos de manos y pies, incluyendo agarrar y sujetar. Con este tipo de ejercicios también se practica la coordinación óculo-manual, ya que el niño o niña necesita utilizar la información de lo que ve para guiar sus movimientos de forma adecuada.

Estructuras cognitivas: Trepar implica conceptos de ubicación espacial y la solución continua de problemas. Cada vez que un niño o una niña escala, se presentan retos y situaciones diferentes dependiendo del tamaño de la base, de la altura del escalón, de la pendiente del plano o rampa… Lo que le hace preguntarse constantemente; ¿dónde pongo la mano?, ¿cómo me sujeto ahora? ¿cuánto tengo que levantar el pie para apoyarlo de nuevo?…

Un estudio de la Universidad de Florida del Norte vinculó las actividades de escalar con una “memoria funcional” mejorada. Los investigadores explicaban que la escalada o actividades similares desde edades tempranas implica imprevisibilidad, lo cual, hace que tengamos que recurrir a la memoria funcional para que continuamente actualice información y que el cuerpo se adapte adecuadamente a cada situación imprevista.

Conclusión: En las sesiones de psicomotricidad, así como en otras instalaciones o momentos de juego tanto en el aula como en casa o cualquier otro lugar, ofreceremos a nuestros niños y niñas la oportunidad de que puedan satisfacer esa necesidad de escalar y trepar.

Prepararemos en la sala espacios donde puedan subir y bajar a través de espalderas con cuerdas y planos inclinados, módulos con rampas, escaleras duras y blandas, estructuras Pikler …