28 de marzo del 2.025

Como adultos, debemos entender la importancia de que los menores, vivan y sientan cada una de las emociones para lograr un  desarrollo global óptimo, sin dejar ninguna de ellas aun lado.

¡Todas las emociones son necesarias!

Las emociones son un proceso psicofisiológico, es decir son cambios fisiológicos que se dan en nuestro organismo gracias a la liberación de hormonas y neurotransmisores, como la dopamina, la oxitocina, serotonina, noradrenalina y el cortisol.  Estos procesos emocionales son siempre producidos por algún estímulo, vienen siempre acompañados de gestos y expresiones faciales muy significativas.

¿Por qué es tan importante no dejar de sentir cada una de las emociones primarias?

Porque cada una de ellas tiene una función evolutiva de supervivencia y adaptación al medio que nos rodea.

La Sorpresa, tiene como función adaptativa la exploración. Facilita la atención, focalizándola, y promoviendo conductas de exploración y curiosidad hacia la situación novedosa. Además, se activan procesos cognitivos y recursos hacia la situación sorpresiva.

El Asco, tiene como función adaptativa el rechazo. Gracias a esta emoción se producen respuestas de escape o evitación ante estímulos desagradables o potencialmente dañinos para nuestra salud. Además, se potencian hábitos saludables e higiénicos.

La Alegría, su función adaptativa es la afiliación. Esta emoción hace que aumentemos nuestra capacidad de disfrute, genera actitudes positivas tanto hacia uno mismo como hacia los demás. A nivel cognitivo, también favorece los procesos de memoria y aprendizaje.

El Miedo, tiene como función adaptativa la protección. Esta emoción nos ayuda a tener respuestas de escape y evitación ante situaciones peligrosas para nosotros. Focaliza la atención primordialmente hacia el estímulo temido, facilitando que se reaccione rápidamente. Por último, también moviliza gran cantidad de energía que nos permitirá ejecutar respuestas mucho más rápidas e intensas de cómo lo haríamos en una situación que no produjera miedo.

La Ira, su función adaptativa es la autodefensa. La ira aumenta la movilización de la energía necesaria en las respuestas de autodefensa hacia algo peligroso para nosotros. La destrucción de los obstáculos que nos generan frustración y que nos impiden conseguir nuestros objetivos o metas.

La Tristeza, tiene como función adaptativa la reintegración. Con esta emoción es aparentemente difícil poder visualizar los beneficios de la misma. No obstante, esta emoción nos ayuda a aumentar la cohesión con otras personas, especialmente con aquellas que se encuentran en el mismo estado emocional que nosotros. En un estado de tristeza, nuestro ritmo habitual de actividad general disminuye, pudiendo prestar así más atención a otros aspectos de la vida que, en un estado de actividad normal, no nos habríamos parado a pensar en ellos. Además, nos ayuda a buscar el auxilio en otras personas. Esto fomenta la aparición de empatía y altruismo, tanto en la persona que está sintiendo la emoción, como en los que reciben la demanda de ayuda.

Podemos decir que estas emociones básicas o primarias tienen tres funciones fundamentales; la de adaptación como ya apuntara Darwin, “utilizamos las emociones para crear una conducta adecuada a cada situación concreta”. La función social, para adaptarnos y convivir con los demás y la función motivacional, es decir para continuar investigando y avanzando hacia nuevas metas y logros evolutivos.