20 de enero del 2.025

Etimológicamente, la palabra “representación” hace referencia a la posibilidad de “volver a presentar”. Representar tiene que ver, con el camino que se recorre desde las primeras percepciones que captamos a través de nuestros sentidos, hasta el concepto propiamente dicho que elaboramos en nuestra mente tras un proceso de transformación, mediante el juego espontáneo y continuo, de esas primeras percepciones e impresiones.
Para Sánchez y Llorca (2008), la representación “es una forma de tomar distancia de la vivencia y expresar sus emociones o sentimientos,
de recrear las situaciones vividas”.
Otras autoras como Conde y Viscarro (2006) explican la representación como “la capacidad específicamente humana que permite a las
personas utilizar símbolos y signos para evocar objetos, personas, situaciones y experiencias ausentes o no directamente perceptibles”.
Así podemos decir que, la representación se sitúa dentro de la imaginación que contiene una realidad a través de la cual el niño o la niña expresa lo que ha vivido. Gracias a esta expresión, el psicomotricista encuentra una manera de acceder a esta realidad infantil. Pero como bien sabemos, este acceso no se lleva a cabo de una forma directa, sino que requiere un acompañamiento a través de la impulsividad motriz que desencadena el juego y cuyo efecto inmediato es la expresión afectiva y emocional.
Jugar no es sólo una acción corporal, es un momento emocional de tipo cognitivo. Gracias al juego fomentamos la vivencia emocional de la propia realidad y lo que tratamos de buscar con la representación es la configuración de lo experimentado, mediante la utilización de diversos materiales para dibujar, modelar y/o construir. (Lapierre, Llorca y Sánchez, 2015).
De manera que, a través de la representación dentro de la misma sesión de psicomotricidad, el niño o la niña consigue distanciarse de la acción dejando paso a la emoción como reflejo de esa actividad que ha vivido con su cuerpo. Los efectos psicológicos comienzan por traer a su mente de nuevo experiencias particulares, que le impulsan a querer expresarlas en función de la emoción que le han provocado durante el juego.
En la evolución de las representaciones durante la etapa de infantil, se distinguen seis etapas:

La manera en la que los niños y las niñas desarrollan la capacidad de representación, dependen de los materiales que dispongamos para ello. Estos materiales, van a facilitar el desarrollo de habilidades manipulativas, y la interiorización de conceptos como; el color, volumen, cantidad, simetría, asimetría, etc.
Hablemos hoy del DIBUJO
El dibujo puede definirse como; diversión, un medio de exploración, de descubrimiento, de expresión y de libertad. A través del dibujo, Los niños y las niñas pueden representar la realidad y las imágenes que proyectan en su mente.
Lowenfeld (1980) explica de una manera muy precisa qué podemos encontrar en cada dibujo:
“Cada dibujo refleja los sentimientos, la capacidad intelectual, el desarrollo físico, la aptitud perceptiva, el factor creador implícito, el gusto estético, e incluso el desarrollo social del individuo”
El dibujo aparece antes que el lenguaje oral y escrito, por lo que ayuda a expresar los sentimientos y emociones antes de saber leer, escribir e incluso hablar. Tal y como nos explica Aucouturier (2004), los niños y las niñas proyectan a través del dibujo, su historia afectiva, así como los conflictos relacionales. Además, es una gran oportunidad para favorecer el control muscular y la motricidad fina.
Las etapas en el desarrollo del dibujo han sido descritas y conceptualizadas por diferentes autores a lo largo de la historia. La mayoría coincide en destacar el período del garabateo como la más larga. Entre los 11 meses y los 5 años los niños y las niñas realizan garabatos siempre que tienen ocasión, en un papel, en la arena o en cualquier superficie susceptible de dejar impresas las huellas de sus deditos. A su vez, esta etapa se subdivide en tres fases:
⋅ Garabateo desordenado y sin finalidad
⋅ Garabateo con sentido
⋅ Garabateo imitativo
⋅ Garabateo localizado
Alrededor de los 5 y 6 años tendría lugar la etapa del dibujo simbólico y descriptivo y más tarde, entre los 7 y 9 años, el realismo, donde ya se focalizan en los detalles y el contenido social y emocional que quieren representar. Para la mayoría de autores, los niños y las niñas muestran satisfacción solamente con los movimientos que realizan al trazar los garabatos,
primero de forma más desordenada y luego de manera más controlada. En cambio, nos ha llamado mucho la atención, la reflexión que hace Rodha Kellogg, una psicóloga y maestra de educación infantil de San Francisco. Entre 1948 y 1966 estudió y analizó más de un millón de dibujos infantiles de niños entre 2 y 8 años, hasta llegar a conocer y categorizar los diferentes elementos que constituyen el dibujo, el garabato y los primeros diagramas del trazo.
A diferencia de Lowenfeld y la mayoría de autores, Kellogg afirma que los garabatos de los niños y las niñas tienen sentido, no son patrones puramente motores, sino que poseen una estructura definida desde el principio, incluso los de las etapas primarias. Para ella, todos los esquemas básicos de lo que consideramos ARTE ya están organizados en la primera etapa del garabateo, de manera que los dibujos van evolucionando en función de lo que los niños y niñas van descubriendo y perfeccionando. Lo psicomotriz no es lo importante, es lo que quieren representar lo que debe llamarnos la atención. Por eso, argumenta Kellogg, podemos observar elementos comunes en los garabatos de los niños de la misma edad, no se trata solo de placer psicomotor. Si fuera una respuesta motora libre y expuesta al azar, no habría ningún esquema o patrón común.
Rodha Kellogg señala que: “el significado no es lo importante, el niño tiene un problema cuando se ve abocado a unir los elementos de sus trazos biológicos con la necesidad de imponerles significado. La profundización en las etapas y en las formas del garabato previas, ese es el significado real del acto de garabatear”.


