10 de noviembre del 2.024

I¿Sabías que….

… Cuando a un bebé le ofrecemos uno de nuestro dedo y lo agarra con fuerza nos está dando una información valiosísima y un anticipo de lo que probablemente será su futuro desarrollo?

Este pequeño gesto es considerado por la familia y el entorno del niño como un acto de cariño y cercanía, y siempre es recibido con agrado y afecto. Lo que no saben, es que es mucho más que todo eso. Lo que hay detrás de ese simple movimiento es toda una red neuronal que está estableciendo nuevas conexiones que, más tarde le permitirán alcanzar habilidades motrices tan complejas e importantes como gatear o escribir.

Si estos gestos y otros movimientos no se realizan o, por el contrario, permanecen demasiado tiempo activos en el niño/a, puede tener consecuencias graves en su desarrollo, desencadenando incluso dificultades o problemas de aprendizaje. Estas consecuencias las podremos observar directamente en la escuela, sobre todo en las sesiones PPA que estamos llevando a cabo, donde disponemos de un tiempo muy valioso para visualizar todos estos comportamientos.

FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

Como ya sabemos, en base a nuestra experiencia como educadores, los niños y las niñas aprenden a través del juego y el movimiento. Los primeros movimientos que realizan de forma repetida, reciben el nombre de, patrones de acción y comienzan siendo espontáneos (o reflejos). Estos movimientos reflejos cumplen una función muy importante, que es, favorecer la supervivencia del bebé en el nuevo medio, fuera del útero materno. Además, le servirán también como entrenamiento para la adquisición de habilidades y destrezas que tendrán lugar más adelante.

Poco a poco, el bebé va controlando esos reflejos, éstos cada vez irán adquiriendo un carácter voluntario que darán lugar a movimientos complejos, hasta que finalmente logre el control postural.

Los expertos distinguen dos tipos de reflejos: los reflejos primitivos (arcaicos, primarios…) y los posturales. De manera que, a medida que el bebé se desarrolla y se van fortaleciendo las conexiones neuronales entre el cerebro y el cuerpo, los reflejos primitivos irán desapareciendo y darán lugar a los reflejos posturales.

La evolución de estos reflejos (Fiorentino, 1981 –  Goddard, 2005), tiene que ver con el nivel madurativo en el que se encuentre el niño y los movimientos propios de cada etapa: RASTREO, GATEO Y BIPEDESTACIÓN.

Así, de manera progresiva y mediante la repetición, los reflejos se van inhibiendo e integrando dentro de los nuevos movimientos que necesitamos para adaptarnos a la siguiente etapa.

Interesante, ¿verdad? En el próximo artículo continuaremos desarrollando cuáles son exactamente estos movimientos reflejos y qué relación tienen con algunos trastornos o dificultades de aprendizaje.