5 de noviembre del 2.021

1. Disconformidad e impotencia. El sentimiento de impotencia por no conseguir lo que se desea es realmente terrible. Una frustración que nos arde por dentro. Pero pasajera. La impotencia suele ser uno de los principales detonantes de las rabietas infantiles. Por eso es tan importante enseñar los niños a enfrentarse a la frustración y a entender que no se puede conseguir todo lo que se quiere.

2. Decepción. Sucede cuando el niño se crea grandes expectativas sobre algo y al final, no se cumplen. En ese momento, el niño se siente terriblemente engañado y la decepción le lleva al enfado. Debemos por tanto tener presente que no debemos ofrecer a los niños cosas que no podemos cumplir para no crear falsas expectativas.

3. Tristeza. Por extraño que te parezca, de la tristeza al enfado hay un pequeño paso. Una vez superado un ‘duelo’ ante algo que nos hizo caer en la tristeza, podemos empezar a tomar conciencia y pasar de pronto al estado de ‘enfado’.

4. Miedo. Sí, otra de las emociones básicas que nos pueden llevar directamente a la ira. Nos referimos al miedo de perder algo ya sea material o no, por ejemplo, durante el período de adaptación en el momento de separación de sus padres, el niño puede que llore, patalee y que estalle en una rabieta. Pero es una rabieta derivada del miedo a perder literalmente a sus padres, no volver a verlos más.

5. Impaciencia. Los niños no suelen ser muy pacientes. Quieren algo y lo quieren ya. En este punto los expertos recomiendan las actividades de grupo y trabajo en equipo y por eso consideran que nuestra metodología es tan importante porque ofrece herramientas de actividad grupal para superar estos comportamientos

6. Inseguridad, la baja autoestima o la falta de confianza crea una sensación de ‘enfado con uno mismo’. El niño quiere hacer algo pero no se atreve, porque no se ve capaz de hacerlo… y al final llega la decepción y la insatisfacción por no haberlo intentado. 

7. Problemas para comunicar una emoción. Muchos niños sienten emociones que no son capaces de identificar ni explicar qué sienten. Esto les crea una sensación de desasosiego que estalla en ira. Por eso es muy importante enseñar a los niños a expresar y verbalizar aquello que les molesta o que no les gusta, así poco a poco podrán identificar y gestionar mejor sus emociones.

8. Cansancio: especialmente en los más pequeños, si el niño no ha descansado lo suficiente o, por el motivo que sea, se ha visto interrumpida su rutina, puede mostrarse más irascible. En este sentido, una rutina y unos hábitos saludables es la base de una buena calidad de vida.