30 de marzo del 2.024

La respuesta a modo general es simple: El niño necesita moverse para desarrollarse, aprender, entender, mejorar sus movimientos y para controlarse y controlar sus impulsos y frustraciones (Jager, 2010). Las primeras experiencias de aprendizaje se dan en el dominio de la coordinación motriz. En el comienzo de la vida la actividad motriz se anticipa a la acción mental, después ambos aspectos coinciden y finalmente la acción motriz es subordinada por la acción mental.

Pero a modo más específico, debemos ir más allá, ya que los ámbitos del desarrollo motor y del desarrollo psicomotor se mezclan a menudo. Sin embargo no son intercambiables y cada uno de ellos afecta a partes muy diferentes del desarrollo de los niños. El movimiento (motricidad) es energía, es aprendizaje, es vida; y hay movimientos que ayudan a aprender, mientras que la actividad física (psicomotricidad) influye en la mayoría de los aspectos de la vida diaria y se utiliza de manera metódica en distintos componentes de la personalidad con fines diferentes como los educativos, reeducativos, terapéuticos, deportivos, generales, profesionales, de ocio o de expresión (Rigal, 2006).

Aspectos neuromotrices y anatómicos a tener en cuenta:

Para que las fibras musculares se contraigan tienen que estar en contacto con el sistema nervioso central a través de los axones. Estos axones, provienen de cuerpos celulares de la sustancia gris de la médula espinal y cada axón alcanza un número variable de fibras musculares (de unas cuantas hasta cientos) para constituir una unidad motriz (un músculo por ejemplo). Todas las fibras musculares tienen un solo punto de contacto con una parte terminal de un axón que se denomina placa motriz.

La planificación, programación y modulación de los impulsos nerviosos se da a través de diferentes centros nerviosos entre los que se encuentran;  las zonas corticales asociativas frontales y parietales, los ganglios basales, el cerebelo y las zonas frontales motrices. Dichos impulsos se envían a los músculos apropiados para que se contraigan, procesos que no necesitan más que de unos milisegundos.

¿Qué proceso neuromotor llevamos a cabo ante los diferentes movimientos?

Cuando los niños pretenden realizar una tarea motriz para la que aún no están suficientemente maduros, encuentran muchas dificultades. Para llevar a cabo el control de ciertos movimientos voluntarios, debemos ajustarlos al contexto en el que se produce la acción a la vez que se van produciendo dichos movimientos. Es decir, tenemos que planificar primero los parámetros o variables de cada contexto y entorno en el que nos movemos antes de hacerlo.

Una vez que se está produciendo el movimiento:

  • Usamos la información visual y kinestésica, que producen los receptores localizados en los músculos, tendones y articulaciones y la dirigen al cerebro para ajustar y determinar qué tipo de movimiento necesitamos realizar.
  • Esta información es recibida y procesada por el encéfalo que la incorpora a los mandos nerviosos que correspondan según sea la necesidad y tipo de movimiento.
  • Después los impulsos nerviosos se transmiten por la médula espinal y los nervios raquídeos a los músculos.

Así, podemos afirmar que la mayor parte de los movimientos tienen lugar a partir de la información recogida en el medio externo e interno, de modo que la percepción de este entorno, prepara la acción motriz.

¿Podemos relacionar el desarrollo y  aprendizaje con la psicomotricidad?

Precisamente los expertos coinciden en que, uno de los aspectos más influyentes en los procesos de desarrollo y aprendizaje es la MOTRICIDAD (Martín, 2003). Diferentes áreas motrices se ven implicadas en los mecanismos del proceso de la lectura y de forma muy directa intervienen en la escritura.

Existen trabajos centrados en el cerebelo, que han descubierto cómo se relaciona el sistema vestibular (oído interno) con el cerebelar (que rige la actividad motora), desvelando que son los primeros sistemas sensoriales en madurar. Así, ponen en valor los juegos que estimulan el movimiento del oído interno como el vaivén, el balanceo y los saltos.

Estos estudios, muestran además una relación directa entre el movimiento y el aprendizaje. En ellos se observa una vía de vuelta desde el cerebelo a zonas del cerebro implicadas en la memoria, la atención y la percepción espacial.

Sorprendentemente, la parte del cerebro que procesa el movimiento es la misma que procesa el aprendizaje.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Ortiz-Pulido, Rubén “Neuroeducación  y movimiento  corporal: Línea de generación y aplicación del conocimiento”. 11º Congreso Argentino de Educación Física y Ciencias (2015)