7 de febrero del 2.022

Un mal comportamiento se puede entender como un hecho molesto para el adulto, que le saca de sus casillas y que es capaz de irritarle. Podemos subrayar que es un hecho subjetivo pues, es el adulto el que finalmente dicta si un comportamiento está bien o mal. ¿Por qué digo esto? Porque lo que para una persona es intolerable para otra no tiene importancia incluso puede llegar a hacerle hasta gracia.

¿Qué factores intervienen en estos posibles y diferentes enfoques ante el mismo hecho?

  • La personalidad de cada adulto y aquí cabe destacar tipo de educación, valores, lo que nos parece permisible y lo que no…
  • También influye, además, el lugar donde suceda el comportamiento (no es lo mismo una conducta de rabieta infantil en casa que en la calle).
  • El estado de ánimo del adulto (si estoy cansado o estresado, estaré más irascible frente a cualquier situación incómoda o cualquier petición que suponga un esfuerzo por mi parte.
  • La situación centrándonos en el mismo ejemplo anterior de rabieta infantil en casa, no es lo mismo enfrentarnos a este hecho solos que en un acontecimiento de celebración social, en el que están presentes varias personas mirando y juzgando los acontecimientos. O poniéndonos en el caso de que esa conducta se de en clase con nuestros alumnos o a la hora de la salida de clase con todas las familias presentes y los papas del niño mirando y escuchando… En definitiva, juzgando.

Todos estos factores, hacen que no todos consideremos los mismos comportamientos como negativos. Más aún, todos estos factores hacen que un día cierto comportamiento no lo tolero y al día siguiente sí. Bastante lioso para los niños, ¿no? Y para nosotros mismos también ya que fluctuamos en la aceptación o no de comportamientos debido a que, normalmente, no sabemos por qué los niños se portan mal.

¡REFLEXIONEMOS SOBRE ESTO!…